Facilita: Elena Gómez

Mirar nuestras raíces y ancestros,  tomar conciencia de las “casualidades” que han tenido que darse para que yo esté aquí en este momento. Cuantos estuvieron antes que yo y cuantos dejaron de estar para que yo llegara. Esta mirada y reconocimiento nos fortalece y nos ayuda a conectar con la grandeza del sistema familiar que nos sostiene. Tomar impulso para ir hacia la vida honrando quien soy y de donde vengo.

Al igual que un árbol, hundiremos nuestras raíces en la profundidad de la tierra para, desde allí, elevar nuestro tronco y ondear nuestras ramas al viento. Es la profundidad de nuestras raíces las que marcan lo alto que podemos crecer. Así como de profundas sean mis raíces, así de alto podré volar.

Realizaremos un viaje desde la mirada sistémica, incorporando el movimiento, el ritual, los elementos de la naturaleza, el desierto, los cuentos, la respiración, la escucha, la música y el silencio.  

¿Qué es la pedagogía sistémica?

La pedagogía sistémica está basada en la aplicación de las leyes de los sistemas. Tiene sus raíces en la teoría de la comunicación humana, la teoría de sistemas, la teoría de la complejidad, el psicoanálisis, terapia primal, psicología humanista, PNL, análisis transaccional y terapia familiar sistémica. Sus bases residen en que el funcionamiento y la convivencia de cualquier sistema depende de que cada elemento que lo integra este ordenado, es decir, ubicado en su lugar y realizando las funciones que le corresponden, así el sistema estará en armonía y será posible la convivencia de manera fluida. Cada sistema tiene sus propias leyes, conocerlas supone una gran ayuda.

En Pedagogía Sistémica ampliamos la mirada, creando espacio de interacciones respetuosas en el que todos podemos mirar en todas las direcciones. Se trata de tomar conciencia de la dinámica que hay detrás de la situación que estamos viviendo y qué tipo de de movimiento interno se está dando de manera que podamos aplicar los órdenes de la vida, que están implícitos en el sistema familiar. De esta manera se obtiene un sistema más armónico, en el que cada uno ocupa el lugar que le corresponde, quedando así disponible para lo que le corresponde, incrementando la sensación de paz y estabilidad en todos. Esto nos ayuda a estar más presentes y hacernos más conscientes del valor que tiene la vida que nos ha llegado a través de nuestros padres y que ellos también recibieron de los suyos así por muchas generaciones.

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